Extracto de «Los Maestros de Avebury»:

A veces las farolas hablan: haces una pregunta al aire, y la farola que estaba apagada de la calle, de pronto se enciende: primero parpadea, y poco a poco, después de titilar un tiempo, se queda bien encendida, llena de vida y me dice: «enciende ya tu luz. Es el momento». No es la farola quien lo dice, sino aquél que acababa de invocar justo antes de que se encendiese la luz.

Y la luz se mantiene. Ya está encendida. La luz ya está encendida. Y llena de emoción me pregunto por qué ha vuelto esta comunicación… La respuesta llega rápido: voy a volver, este es un mensaje del futuro. Es uno de los niños que están naciendo ahora, y en cuanto sea mayor me va a venir a saludar…

Unos veinte años después…Al acabar la charla sobre el último libro que he escrito, a mis 53 años, en la librería Gaia, algunas personas se levantan y otras conversan sobre lo que hemos expuesto. Yo me preparo para volver a casa y cenar tranquilamente con  mi marido.

Un joven, de unos 18 ó 20 años se acerca hacia a mi y me doy cuenta, mientras llega, que me recuerda a alguien. Primero pienso en mi hijo, pero no, ¿a quién me debe recordar? Qué más da, me alegra que alguien tan joven ya esté interesado en el mundo de las terapias naturales en animales. Al comenzarme a hablar lo sigo sintiendo muy familiar. Es una alma vieja, que ya conozco, y además no es la primera vez que coincido con esta alma en esta vida… Pero es la primera vez que veo a ese amable muchacho…¿Cómo puede ser?

Vamos conversando, y mi mente, en segundo plano, va escaneando mis recuerdos para llegar al eureka: «Lluís!!!» Claro, este muchacho es Lluís. Cuando yo  trabajaba en el laboratorio fue el primer ser que se atrevió a mostrarme mi luz a través de su camino. Un duro camino el suyo, poco agradecido hasta el final de su vida,  momento en el que el ángel que había en él se mostró para enfocar con claridad a las almas que en aquél momento tenían que despertar.

Yo fui una de ellas. Desperté con risas y sonrisas en medio de su catástrofe, complicidad ante su proceso, aprendizaje a la par y mucho valor ante la vida. Y él siguió enfocando, cada vez con más luz, a cada vez más personas que lo rodeábamos…y acabó siendo una bendición que se marchó injustamente para algunos, demasiado temprano para otros.

 

Pero su alma y su recuerdo empujaron a muchos. Y vuelve.

Estoy tan agradecida por saber que está ahí…Y con el mensaje potente y claro de su vuelta me doy cuenta de lo antigua que es ese alma, y lo antigua que es nuestra amistad. Es amistad de magos, pero de cuándo…eso pronto lo descubriré.

Cada tanto yo publico textos como éste, desde el corazón, para crear el/los libros que algún día leerás. Si quieres recibir más textos como éste y herramientas de bienestar para la creatividad, suscríbete a la Newsletter gratuita de Este Instante.