Este es un cuento de Cristina Sallés, amiga de camino que en su vida ha sido mamá, veterinaria natural, terapeuta…tantísimas cosas…y su alma vuela, anda, vive, y anima a otras almas a andar en su nuevo proyecto Animabilis. En cada newsletter alguien te habla, ya sea yo, ya sean personas inspiradoras como ella. Te veo en cada email. Lee su parábola, y empieza a crear:
El día 20 de Enero
«El día 20 de Enero de 2015, tuve un bonito sueño. Estaba en la playa junto al mar, abría las palmas de las manos, me agachaba, cogía un puñado de arena y la lanzaba al agua quieta y oscura. Al tocar el agua, la arena se desintegraba en pequeños destellos de luz. Me divertía, lo pasaba bien. Tú estabas a mi izquierda, más cerca del agua, a unos metros de mí, haciendo lo mismo. Pero tus granitos de arena se convertían en preciosos fuegos artificiales que subían alto e iluminaban el cielo. Lo volví a intentar, un poco molesta,¿ por qué a mí no me salía como a ti?
Los dos éramos niños de 7 u 8 años. Mire tu rostro sonriente, con envidia. Me acerqué a ti y te pregunte cómo lo hacías, como podía ser que los granitos de arena que lanzabas al agua, se convirtieran en aquellos maravillosos fuegos, y los míos apenas alumbraran.
-“Cómo lo haces? Tus castillos son magníficos, y en cambio los míos no suben más de dos palmos del agua. Se apagan en seguida y salen torcidos”. .
Te reíste a carcajada limpia.
-“ No te preocupes. Yo llevo muchos años haciendo esto. Observa como lo hago”-me dijiste.
Cogías los granitos uno a uno, mirabas el granito de arena atentamente. En cada granito se podía ver el castillo de fuegos artificiales que llevaba dentro. Cerrabas los ojos, lo lanzabas al agua, sólo uno, con el único deseo de crear belleza. Una y otra vez, cada granito se convertía en algo maravilloso, para que fuera contemplado, y después desaparecía, y la tarde volvía a estar en penumbra; el sol no se acababa de poner, la luna no acababa de salir.
Entonces comprendí que tu sabias exactamente lo que estabas haciendo, sabías lo que iba a aparecer ante tus ojos cuando el granito tocara al agua, y en el momento preciso abrías los ojos y aparecía ante ti justo lo que esperabas ver. Y en cambio yo, solo lanzaba arena al agua. Tú sabías que esperabas, sabías cual sería el resultado de tu acción. Yo solo sabía que cuando se lanza arena al agua, con un poco de suerte podían aparecer unas cuantas chispas.
-“ Mira dentro del granito con atención.- me decías-. Todo lo que este granito puede ser, está ahí. Cierra los ojos y visualízalo, esto es lo que va a ser. Créetelo. Y lánzalo, despréndete de él para que todos los demás puedan ver lo que tú has visto. Embellece la vida. Si lo único que pretendes es conseguir castillos mejores que los del que está a tu lado, si tu intención es esa, no lo vas a conseguir. Por que esto no tiene que ver con el Ego, tiene que ver con el Alma.”
“Valora el trabajo de los demás, pero céntrate en lo que tú estás haciendo, en lo que vas a hacer. Cada granito tiene un potencial que también depende de los ojos que lo miran. Cuando más limpia y neutra sea tu mirada, más precioso será el resultado que verás dentro. Pero si después de verlo no lo lanzas, no crearás nada, no darás nada. Tienes que desprenderte para poder entregar lo que viste, para que los demás también puedan disfrutarlo”.
Cogí un solo granito de arena, mire dentro, y se apareció transparente como el cristal. En su interior subía un torpedo luminoso hacia el cielo y explotaba en lo alto cayendo en forma de hojas de palmera. Cerré los ojos, inspiré y lo lancé al agua. Una palmerita luminosa apareció unos centímetros por encima del agua.
-“No está mal. Ahora que ya sabes cómo. Sigue practicando”.
Tengo que darte las gracias por venir a mi sueño a contarme esto. Fue un sueño maravilloso, muy revelador. Fue un sueño bonito que me ayudo a darme cuenta de cómo estaba actuando en mi vida en ese momento.
Me diste la clave para seguir, porque me contaste el secreto.
Seguir practicando, requiere de valor, que a veces noto que me falta. Me desespero, cuando las cosas no salen como quiero, pero después me doy cuenta que no mire primero dentro del granito, para saber que iba a aparecer cuando lo lanzara al agua. Si lanzas el granito sin mirar, estas creando expectativas que seguramente no se van cumplir tal y como tu esperas.
Cuando tengo mas prisa, vuelvo a agarrar la arena a puñados, y claro, después las cosas se confunden y solo saltan chispas.
Es curioso porque aún sabiendo el proceso, la costumbre y la impaciencia, hacen que me quiera saltar los pasos necesarios y lance la arena esperando tener suerte, cuando se de sobra que la suerte es algo previsible, que se ve mirando con atención dentro del granito.»
Y tú ¿creas castillos, o pequeñas palmeritas?
Texto: Cristina Sallés
Foto: unmundoperplejo.com
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