A veces se nos comen los nervios en medio de una situación y la vivimos de prisa, casi sin «notar» que estamos en ella, y cuando han pasado todos los momentos de tensión, al cabo de un rato o de unos días, nos damos cuenta de que casi no vivimos ese instante.
¿Quedan lagunas?¿Quedan recuerdos? ¿cómo fue esa reunión? ¿cómo fue esa llamada telefónica?
La memoria…
La memoria nos juega malas pasadas…¿o no es la memoria? Es el estrés, la adrenalina del momento, que sólo nos movía hacia la huida o la lucha. Ese momento fue vivido con ansiedad, y a l mejor ni te diste cuenta.
Pero tu memoria (mejor dicho, tu no memoria) te muestra que ese instante lo viviste con presión.
A veces instantes bajo presión son situaciones la mar de normales, y no nos percatamos de que estamos bajo tensión hasta que no vemos que algo no va bien (hablamos demasiado deprisa, o no atinamos a poner la llave en la cerradura, o tecleamos con montones de errores en el móvil, la tablet o el PC… y un largo etcétera).
Para.
Respira hondo un instante.
Respira profundo un par de veces y nota el aire que entra y sale de ti.
Permite que se llene tu cuerpo de aire nuevo. Sí, en medio de la situación o en la habitación de al lado, pero hazlo. Oxigena la situación, oxigena tu cuerpo, tu mente.
Cambia tu mirada.
Intenta mirar de otra forma lo que antes veías con presión.
Ahora que ha entrado aire en tus pulmones, permite que la mirada que nace de ti observe la situación.
Empieza a ver el momento con mirada reposada, viendo. Viendo. Viendo cada elemento que te rodea: personas, objetos, calidad del aire, calidad del sonido ambiental.
Vuelve al presente y permite que esa mirada reposada empiece a permitir que la mente repose:
No es reposar para dormir, es reponer fuerzas para accionar mejor.
Desde la presión y el estrés reaccionas.
Desde la mirada reposada, accionas desde tu ser interior. A veces, si conectas decidida y claramente, incluso puedes escuchar a tu sabiduría interior, por muy potente que esté siendo la situación para ti.
Entonces te sientes guiada a actuar de forma más pacifica, te sientes acompañada y con fuerza para dirigirte hacia la paz, hacia la paz del momento y por lo tanto hacia tu paz interior:
¿Prefieres tener razón o tener paz?
Esta es una frase muy frecuente entre estudiantes de Un Curso de Milagros…y es que realmente lo único que desea nuestro ser, en el fondo, es paz. Pero nos creemos esta película: deseo conseguir eso porque me sentiré mejor, más tranquila o protegida, o me aferro a aquello o a tal cosa o a aquél recuerdo, porque me mantiene segura, o… conseguiré eso y entonces estaré tranquilo, o entonces estará tranquila tal persona. Y entonces me sentiré en paz.
Notición: no es necesario esperar.
No necesitas esperar a conseguir tal o cual cosa para conseguir tu máxima aspiracion (la paz). Lo que necesitas es elegir. Necesitas decidirte por la paz. Simple y llanamente.
Fácil no es. Simple sí es: elige paz. Ahora elijo paz.
Este es un mensaje que ya te di, pero que como humana necesitas oír cientos de veces para poder empezar a usarlo como válido.
Así que ahí va:
Y ahora te toca:
¿En qué momentos te alteras más? ¿Cuándo ves factible que podrás elegir paz? Házmelo saber en los comentarios, porfa. Nos leemos allí.
Y si te gustan estas reflexiones y crees que meditar va a ser la clave, ponte en marcha: aprende a meditar en 5 pasos o usa la meditación para mejorar tu día a día.
Yo te espero en la siguiente newsletter. ¡Felices días y gracias por compartir!