…y el siguiente paso, se da de forma orgánica una vez han sido miradas esas emociones. Cuando la emoción, que es un mensaje, ve que tú, el ser, el observador/a, le dices «Te Veo», se une a tu camino y te ayuda a crecer.
Vivimos mejor o peor según cómo manejamos nuestras emociones.
Las emociones son energía. Esa energía se manifiesta en nuestro cuerpo físico; de ahí la importancia de aprender a estar presente y escucharlo. La energía es movimiento. Las emociones piden que hagamos algo, que nos movamos hacia. Nos informan de algo que pide respuesta. Esa respuesta siempre es movimiento (físico, mental, emocional). Si hacemos la acción (que puede ser activa o reposada) correspondiente esa energía circula, tiene salida, se transforma.
Así el cuerpo recupera el equilibrio anterior y la emoción ha cumplido su función.
Si por el contrario reprimimos esa expresión de la emoción, bloqueamos esa energía, que va a seguir latente y activa. Así en momentos de tensión tendremos reacciones desproporcionadas frente a una circunstancia que no merecería una reacción tan grande. Eso nos desconcierta, nos sorprende a nosotras mismas y nos hace sentirnos fuera de control ante nosotras y ante los demás.
Las emociones bloqueadas dan lugar a dolor, ansiedad y síntomas que frenan nuestro emprendimiento.
La forma en que expresamos y gestionamos nuestras emociones viene condicionada por la manera en que nos permitieron manifestarlas en nuestra infancia nuestros padres, profesores, cuidadores… en definitiva: nuestros referentes.
Desgraciadamente en nuestra sociedad no se nos enseña cómo gestionar y regular adecuadamente éstas. Es algo que podríamos aprender ya de niños, en la escuela, pero no es así.
Así, si por ejemplo, si cuando lloramos se ríen de nosotros o nos dicen perlitas como “los valientes no lloran”, aprenderemos a reprimir el llanto. Así como a ocultar nuestro enfado si nos reñían cuando nos enfadábamos. También han podido interrumpir y censurar momentos nuestros de alegría mermándonos así nuestra capacidad de placer y disfrute.
Anestesiadas en muchos casos…
El resultado es que aprendemos a no prestar atención a las emociones, a no sentirlas como y cuanto necesitan ser sentidas, a intentar anestesiarlas bloqueándolas. Pero ese bloqueo sólo será temporal, porque algo desencadenará que en el momento menos pensado salga esa energía como una olla exprés reaccionando de forma desproporcionada ante una situación.
Si no has visto la película El Efecto de la Sombra, te la recomiendo…va sobre esto.
Hay una creencia generalizada de que son los demás los que nos sacan de quicio y los que nos crean todos los sentimientos y emociones, cuando la realidad es que lo que veo fuera es un reflejo de lo que vivo en mí, dentro de mi ser. Si no los tuviéramos almacenados a punto de estallar dentro de nosotras no se activarían o lo harían en su justa medida y no desproporcionadamente.
¿Qué puedo hacer con mis emociones?
Es importante para nuestra salud, equilibrio emocional y para nuestras relaciones, que aprendamos a gestionar y dar salida de forma adecuada a nuestras emociones. Que les prestemos atención para observarlas, «amarlas», expresarlas y movilizarlas en vez de bloquearlas.
Existen herramientas que, una vez aprendes a utilizarlas, son accesibles siempre, y son sencillas.
Tener a mano el tapping (EFT, Emotional Freedom Technique), las Flores de Bach adecuadas para ti, o tiempo para meditar son soluciones que pueden ayudarnos a ver las emociones con menor sufrimiento, escucharlas y accionar de acuerdo a nuestra completitud.
Tu turno: ¿Usas alguna herramienta conscientemente para poder gestionar tus emociones?
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